Me casé sin casarme
Apreciado consejero de Almas sin Rumbo,
Quiero contarle que en mi juventud yo recibí a Cristo en mi natal México, y luego, me separé de Él. Unos años después, por cosas del destino, se puede decir, conocí a un hombre que era casado; y él tramitó su divorcio, pero no logró terminar dicho trámite, y nos aconsejaron, que si queríamos casarnos nos fuéramos a otro estado de la República Mexicana y así lo hicimos.
Después de casarnos nos venimos a radicar a los Estados Unidos. Ya han pasado diez largos años y ahora tenemos dos niños.
Aquí va mi consulta:
Resulta que hace unos meses me reconcilié con Cristo y mi esposo también. Anhelo restaurar mi fe y hacer las cosas como Dios quiere. Ahora que Cristo ha llegado a nuestra vida, nuestro hogar es diferente y especialmente nuestra relación con nuestros hijos.
Pero, yo sé, que no estamos bien delante de los ojos de Dios, y mi esposo no quiere que confesemos este “secreto” a nuestra Iglesia. El me dice, que para él ya estamos casados. Es cierto, pero legalmente, no; y yo deseo con todo mi corazón estar bien delante de Dios y delante de los hombres. Le aseguro que yo ya no puedo seguir con esta farsa que me martiriza todos los días. Por esta angustia que lleva mi alma, muchas veces pienso que la solución es dejar de ir a la Iglesia. Pero en el fondo sé que eso sería huir. Por favor, deme un consejo y que Dios le bendiga por tomar este espacio de leer mi petición. Gracias.
Alma sin Rumbo
Respuesta:
Apreciada amiga,
Gracias por su consulta. En primer lugar deseo felicitarles por invitar a Cristo a sus vidas. Siempre me alegra escuchar testimonios de que Cristo viene a ser el centro de nuestro corazón.
Referente a sus inquietudes:
Entiendo que lo que hicieron es ilegal y por supuesto que no están casados, ya que usted misma confiesa que hicieron fraude.
Comprendo perfectamente que se sienta culpable y que desea arreglar su vida delante de Dios. El primer paso ya lo dieron al reconciliarse con el Señor. La Escritura Sagrada nos dice que en Cristo somos justificados (Romanos 5:1); eso fue lo que sucedió cuando se arrepintieron y confiaron su salvación en el sacrificio que Cristo hizo por nosotros al morir en la cruz. Él ahí compró nuestra paz. Esa es la razón por la cual pueden confesar que sus vidas y su hogar es diferente. Ahora bien, ¿qué hacen con el fraude que cometieron? Mi amiga, a esta altura de sus vidas, lo más práctico y conveniente es buscar ayuda legal y normalizar su situación. Su marido tendría que buscar el divorcio que tiene pendiente y luego estarán en libertad de casarse.
Abandonar la Iglesia no les traerá ningún beneficio, ya que es en la Iglesia, donde serán alimentados de la Palabra de Dios.
Ernesto Pinto













