Donas y Diabetes

Les cuento algo que nos pasó hace poco.  Me tocó llevar merienda para todos los jugadores del equipo de soccer de mi hijo, Javier.  Yo estaba muy contenta y compré productos orgánicos para los niños, opciones muy diferentes a las que llevan otras familias.  Sin embargo, ese mismo día la esposa del entrenador decidió traer donas para todos los jugadores.  Mi familia y yo llevamos una dieta particular baja en carbohidratos, libre de productos lácteos y harinas blancas, entre otras cosas. La señora le ofreció una dona a mi hijo Javier y él inmediatamente dijo que no. Luego le ofreció a mi hija Annelle, quien tiene diabetes tipo 1, y ella también se negó. Mi esposo y yo los felicitamos por su respuesta y nos sorprendió mucho que lo hicieran sin nuestra intervención.  Estábamos orgullosos de la gran fuerza de voluntad que mostraron los dos ante tan deliciosa tentación; Javier tiene 6 años y Annelle, 4.

¿Pero saben qué? La historia no terminó ahí.  El entrenador insistió varias veces en que tomaran una dona cada uno, les cuestionó por qué no querían. “¿No les gustan las donas?”, preguntó incrédulo, y en tono de burla: “¿Ustedes son de esos locos amantes de la salud?”. Yo soy puertorriqueña y en el tono de voz más amable que encontré le respondí: “Sí, sí lo somos”. Su esposa rápidamente replicó: “Comer una dona de vez en cuando no está mal”. Y continuaron diciendo no sé cuántas cosas ella y su esposo, el entrenador. Para poder detener la situación tuve que decirles: “Mi hija tiene diabetes tipo 1”. Y ya, ahí terminó todo.

No me gusta tener que decir esas palabras frente a mis hijos porque la verdad es que esa no es la razón por la cual no se comieron la dona. Mi esposo, mi hijo y yo no tenemos diabetes, pero igual no comimos.  Annelle hubiese podido comerse una dona no sin antes seguir este proceso: inyectar la insulina adecuada para cubrir los carbohidratos que tiene la dona, esperar de 20 a 30 minutos para que la insulina haga efecto dentro del cuerpo, dejar que nuestra hija se coma la dona y estar pendientes por si la insulina fue insuficiente para entonces inyectar un poco más, y como normalmente no comemos esa cantidad de azúcar procesada y harina blanca, ese “desarreglo” significaría varios días de inestabilidad en sus niveles de glucosa. Por eso preferimos no consumir ese tipo de alimentos, especialmente, para protegerle a ella.

Cuando llegan las fiestas, comienza nuestra lucha interna: “¿Vamos o no vamos?”. Tenemos que saber qué llevar, qué platillos se van a servir, la hora exacta de la comida o la cena, cuántos carbohidratos tiene algún alimento que normalmente no consumimos, etc. Gracias a Dios no somos personas de salir mucho de la casa, pero esta época festiva siempre nos presenta retos.  La mayor parte de las veces invitamos a familiares y amigos a nuestra casa, así tenemos control absoluto de lo que servimos y ellos siempre nos preguntan qué platillo es apropiado para Annelle.  Si nos toca ir a algún lugar, tenemos varios amigos que llevan una dieta muy acorde con la nuestra, lo que es un alivio.  Si es un lugar que no conocemos, llevamos nuestras propias opciones, especialmente postres; cupcakes o pasteles hechos con harina de almendras y coco, o simplemente, no vamos a la fiesta.

A nosotros nos llena de alegría cuando alguien se interesa por la condición de salud de nuestra hija. Nos apasiona compartir su historia, lo que hemos aprendido y lo que hacemos para llevar una vida saludable.  Eso es lo más importante, ser sensibles y empáticos. Debemos crear conciencia y siempre tener presente que a un niño no se le debe ofrecer ningún alimento sin antes consultar con el adulto que le acompaña, tenga o no una condición de salud. Nuestro régimen alimenticio es uno muy personal que hemos tomado como familia (y es la mejor opción para todas las personas; envíeme un mensaje y le explico por qué). Cuando nuestra hija crezca, sé que es muy probable que nos desafíe a medida que tome más control de su condición. Mientras tanto, hemos decidido enseñarle no solo en teoría, sino también con nuestro ejemplo. Hay momentos en los que, estando sola, he hecho algún que otro “desarreglo” y les confieso que termino con dolor de cabeza o en el baño. Seamos conscientes y responsables de la cantidad y calidad de alimentos que consumimos diariamente y siempre tengamos opciones variadas y nutritivas en nuestras fiestas.

Por Rosarito Rodríguez
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