Marcelo Marini y Familia

Comprensión y tolerancia

La hermosa pareja formada por el Sr. Manuel A. Marini, mejor conocido como Marcelo Marini y su distinguida esposa, Leonilda A. Marini, a quien de cariño llama Pelusa, celebraron 51 años de matrimonio.  Marcelo Marini, ha sido y es uno de los pilares de los medios de comunicación en español en los Estados Unidos,  es conocido y admirado por su gran espíritu de servicio, siempre preocupado por ayudar a la comunidad, pero sin descuidar a su familia; también se destaca como empresario.

Don Marcelo Marini y Pelusa, comparten con los lectores de Mi Familia Magazine, detalles importantes de su vida, su llegada a los Estados Unidos, sus dificultades, pero sobre todo, sus éxitos, siempre teniendo como prioridad, la unidad familiar, basada en la comprensión y la tolerancia.

MFM. ¿Cómo se conocieron y cómo fue su noviazgo?

Pelusa. Yo creo que Dios ya nos hizo el uno para el otro, perdimos a nuestra mamá cuando éramos niños,  mi mamá se murió cuando yo tenía 4 años, y él quedo de siete meses. Nos criamos con las abuelas -al estilo antiguo- primero tienes que estudiar y luego te vas a casar. Éramos novios entre nosotros, pero éramos amigos para la familia, y cuando cumplí 18 años, ya nos casamos. Pero fue dura, dura la vida de nosotros, porque nos casamos sin saber a dónde íbamos.

MFM. ¿Cómo se vive la infancia sin tener la figura materna presente?

Marcelo. Siempre he sido un hombre de fe y la fe me ayudó mucho en mi infancia, pero la que más me ayudó fue mi abuelita -Celina Suarez Vda. de Marin-. En aquella época, yo no podía saber que era una sabia, pero ahora lo reconozco, además de ser una gran poeta. Ella siempre me decía:La flojera camina tan despacio, que muy pronto la pobreza lo alcanza”.

Pelusa. Yo siempre pienso que las cosas pasan por una razón, nunca me faltó cariño, me crie con una tía y las dos abuelas.

MFM. ¿Por qué decidió emigrar a los Estados Unidos?

Marcelo. En Argentina en 1967 comenzamos a sentir la diferencia del nuevo gobierno con militares, y vine yo primero a Houston. Llegué con la idea de abrir un canal de tv, pero fue muy duro porque no había nada y la única radio que se escuchaba en aquella época era Morales. A fines del 68, traje a mi familia y lo primero que me sucede, es que me asaltan y me dan tres balazos en la espalda.

MFM. ¿Qué sintió después de que fue asaltado?

Marcelo. Yo sentía que el mundo se me venía  abajo, pero mi esposa fue muy valiente, es la columna vertebral de nosotros. Siempre hemos encontrado gente que nos ha ayudado. Un señor  me levantó y me ayudó a llegar al departamento.

Pelusa. Nunca tuve miedo, pero fue difícil al principio por el idioma. Cuando lo asaltaron yo le compré unas pastillas sucret y le dije, chúpate una cada cuatro horas porque esto es antibiótico y en realidad eso es para la garganta.

“El éxito mío no es el dinero o la fama de la televisión, es la familia, la familia que tiene que empujar para que un hermano salga adelante”.  Marcelo Marini

MFM. ¿Cómo nace su pasión por ayudar a la comunidad hispana, especialmente hablando sobre migración?

Marcelo. En aquella época  no tenia documentos, tenía solamente visa de estudiante pero yo sabía que tenía que hacer algo. Entonces el problema de migración para mí ha sido fundamental en la vida,  es decir, como ayudar a la gente que sufre como yo sufrí. Trabajando de mesero en un famoso restaurante, pude comprar una casa de ocho mil dólares en Bellaire, pero era el sacrificio, era  ella detrás de mí. En esa época alguien me dijo que no podía creer que una persona como yo, con la educación que tenía, no tuviera papeles. Tuve que decirle al gerente que  solo tenía visa y él me dijo, no te preocupes yo te ayudo, y él me hizo un contrato como empleado chef de la cocina, y en aquella época con un contrato que se llama “labor certification” yo logré tener documentos legales, y así como esa persona me ayudó, es mi deber moral ayudar a los demás.

Pelusa. Pero nosotros –los niños y yo- tuvimos que regresar a Argentina, según nos dijeron, por cuatro meses, y estuvimos un año y medio. Cuando vinimos acá, para mí era una aventura y venir con todos los niños y venir sin papeles, fue bien duro, pero después cuando regresamos a la Argentina, nos dimos cuenta que era mejor acá con sacrificios y todo.

Marcelo. Y regresé entonces con todos los chicos ya grandecitos de 7, 8, 9 y 10 años y otra vez, para ellos, el golpe de la escuela; pero ellos hablan perfecto inglés y perfecto español.

MFM. ¿Cómo iniciaron el negocio de las empanadas?

Marcelo. Mi meta era hacer televisión y golpeé muchas puertas. Cuando llegué al canal 11,  (fue el que me abrió la puerta) había un Sr. que se llamaba Al Varela, que ya falleció, pero estábamos muertos de hambre, porque ganaba nada más 175 dólares a la semana; entonces Pelusa dijo “vamos hacer alfajores y empanadas” y empezamos trabajando con los niños chiquitos en la calle Lyndon y Fannin, donde estaban los Oilers, y vino un señor y compró la primera cantidad de empanadas y de alfajores, y los llevó a lo que en aquella época se llamaba Main St. Festival, que se hacía en la Cd. de Houston, y hoy se llama Houston International Festival.

Pelusa. Fue muy duro; cuando abrimos las empanadas, teníamos un cuartito atrás, donde los niños hacían la tarea, y unas camitas para que ellos se durmieran; y cuando cerrábamos las empanadas, llegábamos  a la casa a bañarlos, a dormirlos, y al otro día, dejarlos en la escuela y otra vez a las empanadas.

Marcelo. Ellos (los niños(as)) estaban chiquitos, pero hacían empanadas. Nunca dejaron de trabajar y de estar unidos con nosotros. Empezamos como Empanada House, pero ahora dicen “vamos a Marini’s”, pero cada día, la creatividad es la que mueve todo. Las empanadas no eran solamente de carne y de queso, empezamos a pensar cómo podemos lograr el mercado anglo y creamos nuevos sabores. Ahora tenemos empanadas con picante, entonces no solo tomamos el tipo argentino, tomamos en general a todo el mundo.

MFM. ¿Qué es lo que más admira de su esposo?

Pelusa. Él es muy cariñoso, es muy respetuoso, y todo nos consultamos y lo que más admiro de él, es que llegó hasta donde llegó. Cuando  venimos acá, no teníamos nada, no éramos nada, y veníamos de un país que no tenía nada que ver con éste. Algo de lo que me sentí muy orgullosa, fue porque él estuvo enseñando periodismo hispano en la Universidad de Saint Thomas; entonces una noche nos hicieron una fiesta con alfombra roja y yo nunca me imaginé que nosotros íbamos a llegar a este país y llegar hasta donde llegamos.  Para nosotros no hay trabas, si queremos hacer algo, lo intentamos, como  cuando se quemó el restaurante un Viernes Santo, nos quedamos sin nada, pero el chef me permitió que preparara toda la pastelería en su casa y trabajábamos toda la noche, para que en la mañana ya estuviera listo todo.

Marcelo. Yo lloré muchísimo ese día, porque perdimos todo, yo tenía tres casas en la Westheimer, y las tuve que entregar por nada. En aquella época, mi ignorancia de la Constitución y de mis derechos y de todas esas cosas que yo hubiera podido salvar y no lo sabía. Tome un abogado,  y el abogado no me asesoraba bien, entonces lo perdí todo, por eso, por no saber. En Westheimer en aquella época, no querían asegurar las casas viejas. Entonces  me comprometí que en cada programa que yo hago, tengo que decirle a la gente que antes de firmar, comprometer o hacer algo, preguntar y si no, leer. Yo tenía un revolver y me iba a dar un tiro porque perdí todo, el revólver lo tiene uno de mis hijos en una caja fuerte.

MFM. ¿Usted que admira de ella?

Marcelo. La honestidad de ella. Es una mujer muy sencilla pero muy profunda. Es una mujer muy sabia, muy leal a la familia. Yo a mi hijo lo mando a pasear si me hace algo, ella lo perdona. Yo a una hija le grito y le pongo cara fea, ella no, ella me hace ver las cosas de otra manera. Yo creo que es la pareja ideal, porque si no, no nos hubiéramos aguantado. Ella es muy tolerante y dialogamos, yo me doy cuenta de que ella es la que acepta y entiende y comprende. La tolerancia es fundamental en el matrimonio.  La profesión mía, era una profesión difícil en la época de la juventud, muchas tentaciones: ojos verdes, bigote negro, pelo negro, pero yo sabía que los hijos y la familia eran primero.

MFM. ¿Qué le aconseja a las parejas jóvenes que están iniciando una vida en pareja?

Marcelo. Si somos latinos y venimos acá, debemos adaptarnos al sistema sin perder las raíces. En el matrimonio hay muchas tentaciones y hay que saber entender y dialogar y respetarse. Pero más que todo, el dialogo para poder encontrar las diferencias. El casamiento es muy bonito, cuando vamos a la iglesia, la fiesta y todo. Pero luego el comienzo de la vida es diferente. Tolerancia: la vida debe ser comprensión y tolerancia.

La clave es pasión por el matrimonio, porque por eso nos casamos, para defender esa unión, y compasión por la persona que está al lado de nosotros, porque también como ser humano tiene debilidades, tiene dificultades, tiene problemas.

MFM. ¿Qué mensaje le gustaría darle a sus hijos a través de este medio?

Marcelo. Quisiera que mis hijos dieran gracias por tener una familia entera, como la que tienen, pero además, que sigan cuidando este nombre sagrado que hicimos nosotros, que trabajen duro, pero que no olviden nunca que tanto su mamá como su papá, fueron incansables luchadores por un mundo mejor, el mundo local primero, que mi casa y la casa de ellos sea siempre un hogar de respeto y que el mundo que hagamos, sea un lugar de respeto. Y que sigan siempre como hasta ahora, unidos, porque realmente son muy unidos entre ellos, uno sufre y ahí están todos para ayudarlo, y que sigan siendo siempre honestos y trabajadores y que luchen para que la familia continúe respetándose entre ellos.

MFM. ¿Qué le agradece a Dios en este Día de Acción de Gracias?

Marcelo. Dios ha sido muy bueno conmigo y con mi esposa. Le agradezco haber llegado a los 72 años de edad y a los 51 años juntos. Le agradezco, porque aun los hermanos tengan alguna diferencia de opiniones, siempre en el momento que hay que ayudar o compartir, están todos juntos, y de dos, mi esposa y yo, que comenzamos la vida juntos hace 51 años, ahora somos 29 entre los nietos y las nueras y es una familia unida, donde hemos inspirado mucho la fe, la ética, y la integridad en el negocio, como en la vida personal.

Pelusa. A Dios le agradezco todo. Mi vida, lo que me dio, porque yo estudie para maestra y yo para maestra no sirvo. El sueño mío era hacer famosos los alfajores, y ahora no paramos de hacer alfajores. El hecho de que la gente nos haya llegado a querer y sienta un gozo cuando come la comida nuestra, para nosotros es una cosa muy grande. Le doy Gracias a Dios porque me dio el milagro de ser madre y tener unos hijos como los que tengo; mi mamá no lo pudo disfrutar, pero yo si lo estoy disfrutando.

Marcelo. He vivido la vida de un inmigrante y he sufrido la vida de un inmigrante, pero he podido ayudar a muchos inmigrantes que han llegado acá. Y lo digo no por arrogancia, lo digo con humildad por la satisfacción que da el saber que has hecho algo por los demás.

MFM. ¿Qué mensaje tiene para los adultos que ya están retirados o a punto de jubilarse?

Marcelo. Si eres creativo, pon tu propia compañía, si no, puedes trabajar para otro, pero te das tu lugar y conoce tus derechos. Pelea por tus derechos y cobra el desempleo, porque es tu derecho; nunca se es viejo, yo tengo 72 años y soy medio llorón, a mi me hace llorar una película, pero sigo luchando día a día por un mundo mejor.

MFM. Para despedirnos que le dice a la gente que viene a degustar las deliciosas empanadas de Marini’s Empanada House y por supuesto los ya famosos alfajores.

Marcelo. Cuando vienes la primera vez a Marinis, eres un cliente nuevo; cuando vienes la segunda vez, ya te conocemos; cuando vienes la tercera vez, te nombramos por nombre; cuando vienes la cuarta vez ya eres parte de la familia.

MFM. Agradecemos a la familia Marini el haber compartido parte de su vida con nosotros en Marini’s Empanada House, donde realmente te hacen sentir parte de la familia.

Fotos por Al-Fin.com

 

 

 

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