Relaciones peligrosas

Temas difíciles pero importantes de platicar con nuestros jóvenes

Hablar con un adolescente puede ser toda una odisea. Tantos cambios están sucediendo, la rebeldía sale por los poros, y el constante “yo voy a ser lo que se me pegue la gana” es la frase que suele reinar en muchos hogares hoy en día.

Yo no tengo hijos adolescentes, pero un día lo fui. No era una chica rebelde, pero si le preguntan a mi madre, seguro les dice lo contrario.  Mi rebeldía en ese entonces y hasta el día de hoy, se basa en querer ser diferente y querer cambiar lo que todo el mundo tacha como normal o costumbre.  Esto creo que le sucede a muchos adolescentes. Se rebelan a lo que sus padres o adultos a su alrededor, catalogan como correcto.

¡Hablemos con nuestros jóvenes, pero no les gritemos!

No voy a decir que son conversaciones fáciles, pero tampoco son imposibles.  Como padres, es necesario  aprender a dialogar y lidiar con sus personalidades curiosas.

Los padres deben aprender a ser amigos de los hijos. Ser un amigo es diferente a ser un padre. A un amigo, se le platica cosas que a un padre no, se le pide un consejo cuando más se necesita,  se le llora cuando las cosas no van como esperamos, no se le juzga y siempre se le trata de entender sobre todas las cosas. Debemos ser amigos de los jóvenes, abrir la puerta y hablarles de diferentes temas con confianza y sin prejuicios.

Uno de los temas de mucha importancia y que debería de ser obligatorio, es la importancia de relaciones saludables.  Muchos jóvenes hoy en día están en relaciones abusivas. Cada año  uno de cuatro adolescentes reportan abuso verbal, físico, emocional o sexual. Parte del problema, es que los adolecentes no saben distinguir entre una relación saludable y una que se torna abusiva.

Me imagino que se estará preguntando, ¿y cómo le hablo a mi hijo (a) sobre relaciones saludables y relaciones peligrosas?  Primero que nada, proporciónele dirección con respecto a lo que son las relaciones saludables.

En las relaciones saludables, las parejas se demuestran respeto mutuo, honestidad, confianza, comparten sus pensamientos y sentimientos y están dispuestos a llegar a un entendimiento y a resolver problemas cuando estos surjan.

Edúquelo sobre los signos de una relación abusiva y cómo detectarlos. Tales signos pueden ser abuso físico, emocional, sexual, amanzanas, intimidación, aislamiento y  comportamiento dominante.

Ayude a desarrollar técnicas para manejar la ira y las emociones de manera positiva. En lugar de gritar o de golpear a alguien, los adolescentes pueden hacer ejercicio, practicar deporte o escribir en un diario.

Ayude a que se sienta confortable cuando le hable de sus sentimientos, necesidades y deseos. De esta manera, ambos pueden buscar  soluciones de manera constructiva y que ayuden ambas partes.

Sea un ejemplo positivo. Piense en la relación que tiene con su cónyuge o pareja y preguntese ¿Cuáles son las cualidades saludables de esta relación? ¿Cuáles son los comportamientos perjudiciales que deben mejorar?

En la fiesta optó por tomar un jugo de naranja; por miedo, no quiso probar el alcohol. En unos minutos, empezó a sentirse mal  como si hubiese tomado alcohol. Ella solo recordó el después. Un después horrible y una realidad que le cambiaría la vida.

Edúquelos a decir que NO y respetar cuando lo escuchan.

Desde chiquitos nos programan a aceptar cosas que no nos  gustan.  En una ocasión, escuché a una joven decir: “Mi papá me hacia cosquillas hasta que me hacia llorar y no paraba, aunque yo le dijera que no.  Pensé que aunque a mí no me gustaba, tenía que aceptarlo.”

Saber que un “NO” es un derecho propio y tiene que ser respetado, no es algo que muchos jóvenes hoy en día practiquen.  Uno de los ejemplos, son las relaciones sexuales prematuras que muchos jóvenes tienen al sentirse presionados por sus parejas y hasta sus propios amigos, “eres mi novia, así que debemos hacerlo” o “Si en verdad me amas, me darás la prueba de amor”.

Muchas violaciones suceden de esta manera. Casi un  70% de jovencitas que han sido violadas conocían a su violador; era su novio, amigo o un conocido.

Desafortunadamente, las violaciones sexuales entre adolecentes suceden todos los días. Una forma que sucede frecuentemente, es con el uso de drogas.

He tenido que visitar en hospitales a jóvenes que han sido drogadas y violadas.

Una de mis visitas más difíciles fue una de una jovencita de catorce años que había salido de su casa sin permiso a la fiesta de un vecino. En la fiesta opto por tomar un jugo de naranja; por miedo no quiso probar el alcohol. En unos minutos empezó a sentirse mal  como si hubiese tomado alcohol. Ella solo recordó el después. Un después horrible y una realidad que le cambiaria la vida.

Despertó completamente desnuda al lado de uno de los invitados de la fiesta. No recordaba absolutamente nada.  Se dio cuenta después de ir al hospital que había sido  violada.

Nunca se me olvidará lo que ese día escuché de los labios de la madre de esta joven, “esto le pasa por salirse de su casa sin permiso. Si no hubiese salido, nada de esto hubiese pasado”.

En estos casos es importante no culpar y sí apoyar. Esta jovencita, no fue a la fiesta a que la violaran. Alguien le puso una droga, cuando por unos segundos se descuidó de su refresco. Esto sucede más de lo que se imaginan.

Sugerencias que disminuyen el riesgo

*No dejar bebidas desatendidas

*Salir en grupos

*Si salen a una cita con una persona nueva, verse en un lugar público

*Si notan algún cambio físico, buscar ayuda o ir a un hospital

No es fácil que los jóvenes nos permitan entrar en su mundo y conocer lo que está sucediendo. Pero también, parte del problema es que como adultos, no nos interesamos lo suficiente en su mundo.  Cuidemos nuestros jóvenes, pero sobre todas las cosas aprendamos a platicar con ellos, respetarlos y brindarles confianza.

¡Hablemos pero no gritemos!

Por Frida Villalobos

Centro de Mujeres del Área De Houston

713-528-2121

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