Ser Padre
“Ser padre significa dar a los hijos lo mejor de lo mejor: Buen ejemplo, amor incondicional y valores trascendentes”
Estas líneas son una invitación para hacer un alto en el camino, para volver hacia nosotros mismos y valorar a los seres más maravillosos: Nuestros padres, son ellos quienes nos han permitido a ustedes y a mi estar hoy donde estamos.
En la edición anterior de Mi Familia Magazine presenté el valor de la madre y en esta expresaré el significado de ser padre.
Los que tienen la fortuna de tener a su padre con vida, disfruten su presencia y quienes no recordémoslo con respeto. Quiero escribir estas líneas como hijo pero con la madurez del que ha sido padre y abuelo, porque uno no puede saber lo que significa ser padre hasta que tiene su propio hijo. No puede conocer la alegría, el amor que resuena en el corazón cuando observa a su hijo y el sentimiento de honor al sembrar en él semillas de amor y esperanza. Aunque mi padre ya murió su recuerdo sigue vivo en mi; recuerdo su espalda fuerte mientras trabajaba tarde en la noche cortando el césped, sembrando, rastrillando, pintando o empacando y organizando los pedidos con que éramos bendecidos en las buenas temporadas y en los que todos debíamos colaborar.
Recuerdo que su autoridad nunca fue cuestionada pues siempre nos disciplinó con amor, respaldado con su ejemplo y especialmente con su capacidad de escucha. Recuerdo sus silencios y su diligencia sus esfuerzos por enseñarnos sus tradiciones, sus arranques de mal genio y sus intentos vacilantes para hablarnos de sexualidad. Recuerdo su callado orgullo cuando crecimos, nos graduamos hicimos pareja y salimos a la vida. Recuerdo como al final de su camino su memoria empezó a debilitarse; el hombre que desde su infancia podía recitar de memoria extensos poemas que luego nos enseño, olvidaba con facilidad donde había dejado sus lentes, pero no siento tristeza por esto sino respeto y les aseguro que cada día que pasa me doy cuenta cada vez mas cuánto de lo suyo vive en mí y como proyecta su luz en el camino de mi vida.
De él aprendimos el amor al trabajo, la tenacidad, la honestidad, la disciplina en síntesis aprendimos que las mejores lecciones son las que se enseñan con el testimonio de vida y no con las palabras.
Soy muy afortunado porque aunque en ocasiones su ira era grande y su corazón solitario, mi padre no me hizo daño, jamás me golpeó. Su mano estuvo en mi hombro siempre que la necesité, trabajó muy duro, nunca faltó el pan en la mesa ni la sonrisa para las celebraciones especiales. Hasta que finalmente su vida se extinguió calladamente, sin sufrimiento, murió en casa al lado de mi madre.
Otras personas no han sido tan afortunadas. Sus recuerdos están llenos de brutalidad, de alcohol, de drogas o de violencia, y de momentos que pasaron ocultos en los rincones bajo el ruido de vasos rotos y de agresividad. Otros solo tienen el doloroso vacío que genera sombra como memoria de su padre. Pero todos trabajamos desde esa luz o bajo esa sombra, ella nos hace como somos, nos forma y nos moldea como el tipo de hombre que queremos ser
Ser padre es entender el poder de la luz para iluminar la vida de nuestros hijos. Uno se da cuenta que la influencia que ejerce sobre su hijo lo acompañará, para bien o para mal, para toda la vida.
Sin importar cuantos años hemos vivido ni cuantos nos queden por vivir un padre siempre esta con sus hijos como se refleja en un bello poema de Manuel Gutierrez Nájera que seleccione para el Libro de Oro de mi obra: “Vida, Amor y Familia” y que dice así:
“Padre en las recias luchas de la vida,
cuando mi pobre voluntad flaquea,
¿quién sino tu me alienta en la caída?,
¿quién sino tú me ayuda en la pelea?
Todo es mentira, falsedad y dolor,
todo en la sombra por la espalda hiere:
sólo tu amor ¡oh padre! tu amor sólo,
no tiene engaño ni doblez ni muere .
En mi conciencia tu palabra escucho,
conmigo siempre por doquier caminas;
gozas si gozo; y cuando sufro mucho,
sin que yo te lo muestre lo adivinas.
¡Ay! ¿Qué fuera de mi sin tu consuelo?
en este mundo mi ventura ¡ oh padre!
consiste sólo en aspirar al cielo,
gozar tu amor y el de mi santa madre”.
Por Héctor A Rodríguez D.











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