Madre Querida
“En cada ser humano, hay tesoros escondidos que sólo el amor los puede descubrir”
Estas líneas son una invitación para hacer un alto en el camino, para volver hacia nosotros mismos y valorar a los seres más maravillosos que nos han permitido a ustedes y a mí, estar donde hoy estamos: Nuestros padres.
En esta edición de MI FAMILIA MAGAZINE trataré de expresar lo que significa el valor de la madre y en el próximo mes lo haré con referencia al padre.
Algunos piensan que el mundo está suficientemente saturado de visiones moralizantes, pero sin temor a equivocarme para hablar de la madre, es necesario volver hacia nosotros mismos para valorar al ser que nos dio la vida, que nos inculcó valores y que ha permitido que el alma respire en medio de los muchos avatares de la vida.
Los que tenemos la fortuna de tener a nuestra madre con vida, disfrutemos su presencia; y quienes no, recuérdenla con respeto. Démonos todos hoy el derecho de soñar despiertos y de pintar el paisaje de amor en los recuerdos de nuestras madres.
Sin duda todos tenemos conciencia de los grandes atributos que adornan a la mujer y que se reafirman en la maternidad: Amor, respeto, fidelidad, lealtad, tolerancia, servicio, dedicación, ternura, equidad, justicia… iluminan su espíritu y embellecen su presencia.
Los mejores recuerdos que tengo de niño es que sus brazos siempre se abrían cuando necesitaba un abrazo. Su corazón comprendía cuándo necesitaba un consejo; sus ojos tiernos se endurecían cuando me hacía falta una lección.
Su fuerza y su amor me guiaron y fue tan grande su amor, que me preparó para enfrentar la vida, y aunque no estamos juntos físicamente, cada día siento su presencia. Es la única persona del mundo, que siempre está en forma incondicional. Si la rechazo, me perdona. Si me equivoco, me corrige y me acepta. Si los demás no pueden conmigo, me acoge. Si estoy feliz, celebra conmigo. Si estoy triste, me conforta y alegra. En síntesis madre mía, eres amor incondicional.
Porque una madre es capaz de dar todo sin recibir nada a cambio. De querer con todo su corazón sin esperar recompensa. Una madre sigue teniendo confianza en sus hijos cuando todos los demás la han perdido.
Sin importar cuántos años hemos vivido ni cuántos nos queden por vivir, una madre siempre está con sus hijos como se refleja en un bello poema de Dora Mejía Otálvaro que seleccioné para el Libro de Oro de mi obra: “Vida, Amor y Familia” y que dice así:
“Para volver a ti, madre querida,
encuentro de memoria y de nostalgia,
es recordar tus ojos de dulzura,
los bellos sentimientos de tu alma,
la huella de tu lucha y tu fatiga
marcada por sandalia de esperanzas.
Es contemplar tu mano, sol radiante,
generosa, abnegada, siempre alerta,
deshojando jazmines y violetas,
para tejer guirnaldas a tus hijos.
Es recordar tu pecho volcán de sensaciones,
desbordando tu sangre gota a gota,
y así ofrecer la vida en mil efluvios
a las semillas de tu tierno vientre.
Es mirar tu retrato ya difuso
y aferrarse al fulgor de tus pupilas,
para implorar en las amargas horas,
un bálsamo de paz, tu bendición”.
Por Héctor A Rodríguez D.













