Ser Mujer
En este Mes de la Mujer, reflexiono sobre los cambios, muchos buenos, que la mujer a nivel mundial ha vivido en el último siglo. Cambios transcendentes como recibir el voto, ver un trato más equitativo en los ámbitos políticos y comerciales, ser dignificada y reconocida por su trabajo y esfuerzo en todo. Sin embargo, al mismo tiempo, no puedo pasar por alto el que muchas de nosotras, después de habernos entregado a una búsqueda y lucha que ha durado muchos años y después de haber logrado las metas que se nos dijeron ser las mejores, sentimos una profunda desilusión y vacío porque nos damos cuenta que seguimos iguales. Nos sorprende la verdad que nos golpea: Aun no estamos contentas, no estamos satisfechas y algo nos falta pero ni sabemos qué es. Seguimos lidiando con las emociones encontradas al considerar lo que hemos logrado y lo que realmente nos gustaría tener.
Para encontrar respuestas, es necesario regresar al principio: La Creación. Sabemos que los hombres y las mujeres somos fundamentales e irremediablemente diferentes en casi todos los niveles. Algunos dirían que somos de distintos planetas.
Yo creo que nada sucede por accidente, que todo tiene un plan y un propósito, y si sigo esta línea de razonamiento, me lleva a la conclusión que lo mismo debe ser cierto respecto de las distinciones entre los hombres y las mujeres.
Estoy convencida que el Creador, al pensar en nuestro diseño, así como un ingeniero, pensó en las funciones que desarrollaríamos. Una herramienta se diseña para un trabajo muy específico en mente y se le da todo lo necesario para ese funcionamiento, y no se puede utilizar con mucho éxito fuera de su área de función. Nuestro diseño, también es muy único debido a las funciones que nuestro Diseñador pensó darnos.
En Génesis 2 encontramos un relato de la creación, y leemos que cuando Dios creó a la mujer, fue porque el hombre necesitaba una ayuda idónea y no se había encontrado una para él. Después, gracias al engaño, las acusaciones y la desobediencia, se levantó cierta enemistad entre ellos que se ha heredado generación tras generación. Allí nace la falta de respeto, de consideración, de amor. Como resultado se fueron creando problemas y conflictos entre los sexos, en ocasión denominado como La Guerra entre los Sexos. Tiene que buscarse una solución a este conflicto, pero la respuesta no es usurpar ni tomar el lugar que le corresponde al hombre; la respuesta es buscar cuál es nuestra función y cumplirla para que ellos entonces puedan cumplir la suya.
Nos sorprende la verdad que nos golpea: Aun no estamos contentas, no estamos satisfechas y algo nos falta pero ni sabemos qué es. Seguimos lidiando con las emociones encontradas al considerar lo que hemos logrado y lo que realmente nos gustaría tener.
Ya mencioné que la función de la mujer que se menciona como la principal es la de una ayuda idónea. Ahora, con el tiempo esta frase se ha interpretado como alguien que hace todo lo que el otro no quiera hacer, como quien dice una sirvienta. Pero, si estudiamos un poco más de fondo el significado de esta frase en los idiomas originales de la escritura, aprenderemos que no es para nada el significado. Idónea significa un ayudador, o sea alguien que puede socorrer a otro y que tiene una aptitud y disposición para hacerlo. También puede significar rodear, proteger, dar, defender y ser aliado. Ahora sí, tenemos un cuadro mucho más claro de nuestro papel, ¿verdad?
En Proverbios 31 encontramos un ejemplo de una mujer así. Es una mujer que apoya y le hace bien a su marido; una mujer que es creativa y emprendedora, que sabe hacer negocios; una mujer fuerte y honrada que no se deja gobernar por el temor (ni ninguna otra emoción); una mujer que habla palabras sabias y demuestra compasión por los menos afortunados. Y por sobre todo, es alguien que es valorada y honrada por su esposo y sus hijos por su buen carácter. Pero todas estas cualidades tan lindas fluyen directamente de su relación con su Creador, su diseñador. Aquel que sabe para qué fue creada y que le ayudará a reconocer y desarrollar los talentos que todas tenemos.
Mujer, si tú sientes que no sabes dónde encajas en todo esto, y no has alcanzado la satisfacción y alegría que pensaste tener al perseguir los sueños de otras personas para ti, piensa en el propósito con el cual fuiste creada. Él te creó, primeramente para tener una relación con Él, y segundo, para ser la ayuda idónea para tu familia y seres queridos. Esa función de contar con la aptitud y disposición de completar la vida de otra persona, de proteger a tus hijos, de defender a la víctima, de abarcar muchas tareas a la misma vez, de dar con sacrificio, de socorrer al necesitado, de aliarte con alguien. Cuando reconoces tu función y la abrazas con ánimo, entonces te sentirás realmente realizada, entonces serás una mujer realmente feliz.
Por Nolita W. Theo













