La verdadera historia de Navidad
Y es que la historia es completa cuando aparece Jesús.
¡Ya llegó la navidad! Las calles se adornan de luces de colores, algunos se tornan nostálgicos, recordando a familiares que están lejos o que ya no están, y otros están alegres por reunirse nuevamente. Los niños están expectantes por sus regalos y cada casa se prepara con sus comidas típicas, para recibir lo que definitivamente es la gran fiesta esperada de todo el año.
Al mismo tiempo, la carga de estrés aumenta, la lista de tareas es más extensa y llenamos la navidad de tantos elementos, que resulta difuso encontrar el verdadero tesoro que ella trae. Es como si a una obra de arte la enmarcáramos en un marco tan cargado y decorado, que termina robándole la atención a la obra en sí.
Si no tenemos claro el propósito por el cual hacemos las cosas, es muy fácil que nos desenfoquemos y hasta perdamos el gusto de la celebración.
El establecimiento de la celebración de la navidad se remonta al siglo IV, con el emperador Constantino, quien una vez convertido al cristianismo, decretó como día festivo el 25 de diciembre, como la fiesta del nacimiento de Jesús.
La razón por la cual se escogió este día para la navidad cristiana, fue porque en ese entonces el imperio romano, que abarcaba a casi todas las naciones de ese tiempo, no estaba aún cristianizado y celebraban en ese día, el 25 de diciembre, la gran fiesta del nacimiento del sol, en donde se decía que el sol había vencido una vez más a las tinieblas de la noche. La noche del 24 de diciembre, es la noche más larga del año, debido al cambio de inclinación de la tierra con respecto al sol –solsticio de invierno- para los países ubicados en el hemisferio del norte. Por la falta de conocimiento de la época, la gente temía que el sol no saliera nuevamente. Por tal razón, celebraban el 25 en la mañana, que el sol había triunfado una vez más contra las tinieblas.
Como justificación, los líderes cristianos de la época, al ver lo que dicen las Sagradas Escrituras de Cristo: «sol de justicia», «astro que nace de lo alto», «luz para alumbrar a las naciones» y «luz del mundo»; vieron la gran similitud entre el “nacimiento del sol” con el “nacimiento del sol de justicia”, Cristo. No olvidemos que en los siglos III y IV la iglesia luchaba fuertemente contra el paganismo.
La cristiandad de ese entonces, hacía un esfuerzo muy grande por cambiar todas las fiestas paganas por una celebración cristiana, con el propósito de cambiar la forma de pensamiento y darles propósito a las tradiciones culturales. De esa forma, nadie olvidaría una historia real, porque se contaría y se celebraría año tras año.
El día de hoy, nuestra sociedad enfrenta una nueva lucha. Observo factores que intentan robarnos el sentido y el propósito de nuestras celebraciones. Uno de ellos es el consumismo extremo, y el otro es el secularismo, que intenta sacar a Dios y todo lo relacionado a los valores cristianos del diario vivir.
Se define a la sociedad de consumo, como una etapa avanzada del desarrollo económico que se caracteriza por el consumo masivo de bienes, disponibles gracias a la producción masiva de los mismos. Este tipo de sociedad nos afecta, cuando no hemos sido entrenados a dar de otra forma que no sea con “bienes”. Hemos comprado la idea, de que la navidad es una época para gastar, y a pesar de la recesión económica, vemos los centros comerciales repletos de gente. Me duele pensar que la navidad traiga dolores de cabeza y estrés, al recibir el nuevo año.
El otro factor que mencioné, fue el secularismo, que pretende eliminar lo religioso de las actividades públicas. ¿Qué se nos cuenta hoy en día en Navidad? Observo dos historias cuando veo las decoraciones, una es la imagen del nacimiento de Cristo y la otra es Santa Claus. Este simpático gordito de rojo y blanco, con barba larga y con un saco repleto de regalos.
El origen de Santa Claus o papá Noel es una creación exclusiva de la imaginación estadounidense. Nace de la fusión de un ser real y otro folklórico. El primero fue San Nicolás, obispo en Turquía en el siglo IV, quien fue declarado por la Iglesia Católica, patrón de los niños. El otro personaje fue el Espíritu del Invierno, un ser imaginario, quien bailaba y cantaba y daba regalos a los niños durante la época navideña.
La combinación de los dos personajes, o sea de San Nicolás y del Espíritu del Invierno, fue llevada a Norteamérica por los colonizadores holandeses en el siglo IX. Desde entonces, el personaje se esparció por el mundo. En 1868 la revista “Harper’s Magazine” dio por primera vez cuerpo a este personaje, como lo conocemos actualmente.
Hollywood y la sociedad en general, ha aprovechado este personaje para dar un mensaje de generosidad y de unidad familiar. Por lo menos, conserva algunos valores originales que pretendió tener la celebración de la navidad. Sin embargo, la misma palabra NAVIDAD, es una contracción de su palabra original, Natividad, la historia de un nacimiento. Una historia real, hermosa, que no merece ser puesta a un lado, ni desestimada.
Yo deseo seguir contándoles a mis hijos la historia real de la navidad, que si bien no ocurrió el 25 de diciembre, si ocurrió. Una historia en donde el verdadero amor, el amor de Dios Padre, envía a su Hijo, naciendo de María virgen para cumplir así, la profecía que muchos años atrás, se había dicho de Él. Se hizo carne, nació con un propósito, ofrecer el único camino de reconciliación hacia Dios, dándonos perdón y vida eterna.
Entiendo que es difícil no correr en la misma dirección que todos corren, pero puedo hacer un alto y reflexionar una vez más en el sentido de la fiesta. En nuestros países hispanos se acostumbra a armar un pesebre o pasito y durante nueve días, se cuenta la historia de la navidad. Mi esposo me cuenta que de niño, él esperaba con ansias el 24 de diciembre, a las doce de la noche, para colocar al niño Jesús y ver así la historia completa.
Y es que la historia es completa cuando aparece Jesús. La navidad nos recuerda lo que Él vino a hacer por nosotros. Somos nosotros, los que debemos decidir si lo dejamos como una tradición anual, puesto en el pesebre, en algunos casos ya olvidado, o si realmente lo invitamos a quedarse en nuestros corazones y aceptar el regalo de la vida que Él vino a ofrecer.
Yo deseo seguir contándole a mis hijos la historia real de la navidad, que si bien no ocurrió el 25 de diciembre, si ocurrió. Una historia en donde el verdadero amor, el amor de Dios Padre, envía a su Hijo, naciendo de María virgen para cumplir así la profecía, que muchos años atrás, se había dicho de Él. Se hizo carne, nació con un propósito, ofrecer el único camino de reconciliación hacia Dios, dándonos perdón y vida eterna.
Por Gloriana Montero













