Envejecer con elegancia
“Envejecer bien es el bello resumen de una vida bella” -nos recuerda J. Leclerc. Efectivamente es así, ya que en la vejez se manifiesta lo que ha sido el curso de la vida. Los que han sido generosos, amables, alegres, esperanzados en su vida, cuando lleguen a la vejez, mostrarán las mismas cualidades.
Es maravilloso observar personas mayores que dejan a un lado las quejas, los lamentos, las melancolías sin tono, las amarguras en su enfermedad y se manifiestan sensatos, reflexivos, ponderados, juiciosos, alegrando su entorno y dejando una estela de luz a su paso.
El mundo del mañana será para aquellos que han tenido capacidad de ofrecer buenas razones para la esperanza. La esperanza es el camino a seguir, sea cual sea la edad. Hay que vivir con plenitud y esperanza… ¡siempre! Conozco personas mayores maravillosas: tienen sus manos extendidas a todo el mundo, aman con generosidad y sin egoísmos, viven con una alegría que se manifiesta en un rostro cálido y acogedor.
Afirmaba Juan Pablo II: “No hay edad de retiro para cumplir la voluntad de Dios que nos quiere santos. Todas las edades de la vida tienen su forma de responder al amor de Cristo y de dar testimonio de Él”. Debo decir sin rubores, que las personas mayores son las que más me mueven a seguir adelante, a luchar para que Cristo sea conocido y amado. Es verdad que no pueden realizar muchas cosas que hacían de jóvenes. Pero pueden alegrarnos la vida con su experiencia, apoyarnos con su sabiduría, aconsejarnos para que no cometamos tantos errores, aportarnos razones para vivir, brindarnos nuevas luces para que no caigamos en el abismo de la prisa.
¡Bienaventuradas las personas mayores que gritan optimismo pese a la edad, muestran superación y fuerza en la enfermedad, aportan esperanza ante tanta desilusión y siguen en camino superando los cansancios!
Por Padre Gregorio Mateu













