Royalty -en memoria de Daniela Huertas
Hay cosas que suceden en nuestra vida para las que no estamos preparados. Cosas que creemos no merecer, que nos hacen cuestionar a Dios y tal vez hasta perder la fe. Pero en nuestros momentos más oscuros, siempre hay una luz.
Una vez tuve un regalo muy especial. Me fue dado el 10 de enero de 1989. Su nombre era Daniela, hija de mi hermana. Aunque el regalármela no fue literal para mí fue algo muy especial. Yo estaba en el hospital cuando nació, su padre la tenía en sus brazos y entonces recordó que era mi cumpleaños y dijo: “Feliz Cumpleaños” y me entregó mi regalo… mi Daniela.
Tengo muchas sobrinas y sobrinos, pero Daniela era especial. ¡Ella fue mi regalo! Yo tenía 22 años cuando nació y desarrollamos un vínculo muy especial. La llevaba a todos lados conmigo e incluso mis amigos rumoraban que yo había tenido una hija. Aunque no le di a luz, ella era en cierta forma mi hija.
Daniela siempre quiso ser como yo.
El domingo 19 de agosto de 2007, mi vida cambió para siempre. Yo había estado de vacaciones y a mi regreso el vuelo se retrasó y llegué como a las 10 de la noche. Pasé a casa de mamá por mi perrito y me dijo que Daniela me había estado esperando y que se acababa de ir. Como ya era tarde, pensé en hablarle al día siguiente (domingo). Antes de dormir, pensé en Daniela y en qué era lo que quería decirme.
Esa noche, recibí una llamada telefónica que me despertó y cambió mi vida. Yo estaba medio dormida y oía voces que no alcanzaba a entender. Ya más alerta, me di cuenta que era mi hermana Mari (madre de Daniela), pero aún no podía entender lo que estaba diciendo. Le pedí que se calmara y que me repitiera lo que decía: “Me mataron a Nanita”. Recuerdo que pensé: “¿de qué está hablando?”, creí no haber entendido bien y ella me repitió muy alterada: “¡Eduardo mató a Nanita!”
No puedo describir lo que sentí. Pero sí recuerdo que grite ¡NO!
Daniela tenía 18 años y un mes de casada. Su marido la había asesinado esa noche, en casa de mi hermana y después, frente a ella, se suicidó.
Llegué a su casa y no recuerdo mucho lo que pasó. Estaba en shock. Mi hermana insistía en ir a la recámara que había sido de Daniela y donde ahora yacía muerta, pero mi cuñado no se lo permitía, ya que todo estaba lleno de sangre. Lo ayudé a limpiar y me hice cargo de los arreglos funerales, porque mi hermana no estaba en condiciones de hacerlo. No sé de dónde saqué fuerzas, pero lo hice. Me quedé algunas noches en su casa, y días después volví a mi departamento, sola con mi perrito.
Yo estaba en “mi oscuridad” y le pregunté a Dios ¿Por qué ella? ¿POR QUÉ MI REGALO? Era mío… ¿Por qué?, llegué a dudar de la existencia de Dios, y me llegué a culpar de la muerte de Daniela, ¿acaso su actitud tan parecida a la mía consiguió enfadarlo tanto hasta matarla? ¿Por qué pelearon? Tantas preguntas y no había respuestas. Todo estaba tan oscuro…mi alma…mi espíritu…todo.
En su funeral la vi y pensé: Ella se ve tan joven, tan bella, llena de vida y sin embargo… ¡Ahí yacía sin vida! Yo estaba triste, estaba enojada con Dios… con la vida, con su marido.
Sabía que me iba a tomar mucho tiempo recuperarme. Estaba llena de ira, amargura y tristeza; la miré en su ataúd y le prometí que su muerte no sería en vano, que iba a honrarla de manera positiva.
Mis ocupaciones distrajeron un poco mi corazón. Asumí la dolorosa responsabilidad de cuidar de mi hermana Mari. El recuerdo de Daniela, era como una película jugando con mi mente. La recordaba gritando ¡Tía! y brincando a mi carro antes de que yo pudiera salir. Yo quería llorar, pero no pude. Yo tenía que ser fuerte por mi hermana Mari.
“Que Mari no te vea llorar” – me decían- tienes que ser fuerte. Esa mala costumbre de las familias de etiquetarte como “la más fuerte”, sin saber que los más fuertes también necesitamos llorar. Un día mientras trabajaba, alguien me preguntó cómo estaba mi hermana, entonces estallé ¿Y yo?, ¿por qué nadie se pregunta cómo estoy yo, acaso yo no siento? ¿No recuerdan que Daniela era como mi hija? Estaba muy enojada, sentía que nadie se interesaba por mí, solo me llamaban para preguntarme por mi hermana. Le pedí a mi jefe unos días para descansar y tomé tiempo para organizar mis ideas.
Pasó un año desde la muerte de Daniela y recordé como había compartido con ella y algunos amigos, mi deseo de ayudar a los jóvenes. Y pensé que ya era tiempo, incluso pensé en el nombre para mi club de jovencitas, se llamaría: Royalty.
Estuve orando, pidiendo dirección a Dios sobre lo que debía hacer y la respuesta llegó: compartir con los jóvenes la historia de Daniela.
La primera reunión que organizamos fue en la pequeña iglesia a donde asistía mi hermana. Repartimos volantes, enviamos correos y tuvimos como 25 asistentes, me emocioné al ver a las madres, acompañando a sus hijas.
Después mi amigo, el Juez Richard Vara, me ofreció un espacio en la corte para llevar a cabo las reuniones mensuales. En estas reuniones, se tocan diferentes temas y títulos, por ejemplo, “él la amaba a muerte”. Hablamos de relaciones saludables en las que siempre incluyo la historia de Daniela, acompañada de un breve video de su vida, después doy un pequeño mensaje y discutimos el tema. Cuando se puede terminamos la reunión con una convivencia con refrescos y snacks.
En la reunión titulada “madres e hijas”, a veces se llena el lugar, y en otras sólo asisten 5 ó 10 personas. Motivo la asistencia a las reuniones haciendo rifas, dando premios, regalando camisetas, pero mi presupuesto a veces no alcanza y a veces me desanimo y pregunto, “Dios, ¿realmente estás en esto conmigo?” o ¿yo soy una soñadora, pensando que voy a hacer una diferencia en la vida de las jovencitas? En esos momentos lloro y hago lo que suelo hacer, cuando necesito consuelo. Abrí la Biblia y con mis ojos borrosos por las lágrimas, leí Josué 1:9 <<Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios, estará contigo en dondequiera que vayas>>. ¡Me sequé mis lágrimas y creí en su palabra!
Escribí una propuesta y la mandé a las escuelas, explicando sobre Royalty y mi deseo de hablar con las adolescentes. En el 2008 tuvimos nuestra primera presentación en Milby High School. Algunas de las niñas conocían a Daniela o habían escuchado su historia en las noticias; desde entonces, he llevado el mensaje de Royalty a programas de radio de televisión, conferencias, escuelas, etc.
Sigo luchando día a día compartiendo mi tiempo entre el trabajo y Royalty, ayudando a las jovencitas a salir de la oscuridad y ver la luz. Después de muchos, meses de duro trabajo, finalmente Royalty se convirtió en una organización no lucrativa que ayuda a las jovencitas a salir de la violencia doméstica.
Es normal sentir ira, culpa e incluso, cuestionar la existencia de Dios. Si usted a perdido a un ser querido, mi consejo es que busque un buen equipo de apoyo. Recuerde que después de la oscuridad hay una luz. Busque la luz y comparta su experiencia con otros para ayudarlos.
Génesis 50:20 dice : <Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente.>. NVI
www.royalty4daniela.org
Por Olga Rodriguez













