Familia Sánchez, fijando metas y alcanzando sueños.
Ángel y Aidé Sánchez, son dos prestigiosos odontólogos, que a base de mucho esfuerzo, lograron revalidar sus estudios y tener su propia clínica dental. La clave del éxito para ellos, ha sido el fijarse metas y alcanzarlas. Tienen una hermosa familia formada por tres hijos varones, el mayor es, Ángel Patricio; y le siguen Luis David y Daniel Andrés.
MFM. ¿Cuándo llegaron a radicar en Houston?
Ángel. Yo viví en Houston desde los 12 años, a los 16 regresé a Monterrey. Nos casamos en el 92 y de la luna de miel, nos vinimos para acá.
MFM. ¿Qué estudiaron y dónde?
Ángel. Estudié odontología en la Universidad de Nuevo León. Ahí conocí a Aidé. Cuando terminé la carrera de odontología, me vine para acá; en el 89 hice mis estudios para revalidar y luego hice una especialidad en la Universidad de Texas.
Aidé. Yo también estudié odontología en la UANL. Allá hice mi posgrado y aquí revalidé todos los exámenes por mi cuenta. En esa época, hubo una ventana grande que me permitió tomar puros exámenes como escuela abierta, en cambio Ángel, si tuvo que ir dos años a la escuela por ley y presentar los exámenes.
MFM. ¿Es fácil revalidar una carrera universitaria?
Ángel. Revalidar la carrera es bien pesado en Texas. A los odontólogos les va bien, porque en Texas se controla el número de dentistas; por eso no hay muchos, no es nada fácil ser dentista pero sí se puede. Ahora hay diferentes maneras para revalidar las carreras de la gente que viene de fuera. Lo hacen un poco complicado, pero es posible.
Aidé. Yo recuerdo que Ángel se iba al cine con su papá y yo estudiaba 16 horas diarias. Cuando tenía que tomar un examen, dormía y a estudiar, no salía, me daba coraje, frustración de tener que estudiar. Me levantaba con el niño en un lado, mientras le daba pecho y con el libro en el otro lado. Yo llegué con un inglés malísimo, estudiaba con un diccionario al lado, me frustraba y aventaba el libro y al ratito otra vez, empezaba y era muy frustrante el no entender lo que quería decir el párrafo. Nunca estudié inglés por economía y ahora que la economía dejó de ser un problema, ya no tengo tiempo; el inglés fue muy difícil para mí y hasta ahorita todavía se batalla.
MFM. ¿Era complicado estar recién casados, Aidé adaptándose a una nueva vida y además estudiando?
Aidé. Sí, pasamos muchas limitaciones. Teníamos el apoyo de nuestros padres, si les pedíamos, nos podían dar, pero ese no era el caso. Yo no compraba un aguacate porque costaba 50 centavos o un dólar y eso para mí era mucho dinero. Nos recortamos de presupuesto, teníamos algún dinero que teníamos que usar durante ciertos años, porque él estaba yendo a la universidad. No comprábamos ropa elegante, ni salidas a comer fuera. No tuvimos ingresos como por dos años.
Nuestros padres nos dieron dinero para la boda, podíamos haber hecho una boda bastante grande y decidimos hacer una boda bonita, pero no con lujos, porque sabíamos qué nos esperaba, y no íbamos a andar pidiendo.
Ángel. Vivíamos limitados, porque sabíamos que teníamos que sacar la educación, y ya que nos pusiéramos a trabajar, todo iba venir por consecuencia. Nosotros tratamos de no gastar todo lo que ganamos, uno puede gastar, pero hay que ser prudente.
MFM. ¿Valieron la pena los sacrificios y las privaciones?
Aidé. Sí, claro que vale la pena y creo que uno se tiene que superar cada día en todos los aspectos. No somos perfectos, porque sólo Dios es perfecto, y no hay que jalarnos el cuello o sentirnos muy superiores, porque sólo Dios sabe lo que hemos pasado.
Ángel. Nosotros sabíamos que si estudiábamos y sacábamos la licencia y con una buena educación, todo iba salir bien.
Aidé. Mucha gente cree que uno es suertudo. En esta vida nadie es suertudo, en esta vida la gente lucha; la gente que lucha, sale adelante; la gente que no lucha, se queda donde está. Es mi forma de pensar, porque nosotros desde que llegamos, hemos luchado.
Ángel. Tenemos un grupo de amigos, todos son odontólogos, y todos son inmigrantes de Venezuela y de Colombia y todos llegaron a lo que venían. El chiste de esto, es ponerse metas; cuando llegué aquí, vivía con mi hermano, dejé a mi novia, las fiestas y me vine a estudiar. Ya tenía una meta, que era sacar mi licencia; yo a eso venía, no era de que vine a ver cómo me va. Gracias a Dios, todo salió bien y ya cuando tenía mi licencia, nos casamos. Todos mis amigos igual llegaron, venían de familia más o menos bien, pero igual eran estudiantes y vivían humildemente, tenían el apoyo de sus padres, pero por más apoyo que tengas, te apoyan a que estudies, pero nada más y ahora los veo y todos son muy exitosos. Mi mejor amigo es odontólogo, vino de Venezuela, tenía un carrito que se le metía el agua por donde quiera; ahora se da sus gustos porque le costó mucho trabajo.
MFM. ¿Aidé, quién te ayudaba con el niño cuando tenías examen?
Aidé. Mi suegra siempre me ayudaba con el niño. Una semana me acuerdo que tenía un examen y le dejé el niño toda la semana; una vez se lo tuvo que llevar en su cumpleaños… fue muy triste porque era su primer año, pero yo tenía que estudiar.
MFM. ¿Cuáles son los pasatiempos favoritos que comparten con la familia?
Ángel. En este país se pueden hacer muchos “hobbies” sin gastar mucho. Empecé en un club aéreo, rentando una avioneta y tomando clases; después se presentó una oportunidad y compre una avioneta chiquita: nos gusta volar.
Aidé. Daniel Andrés, juega futbol soccer competitivo, absorbe mucho tiempo, porque hay que ir a los torneos a Austin, a McAllen y a otros lugares. A Luis David y a Ángel Patricio les encanta estar en la casa, al mayor le gusta mucho esquiar en el agua.
Ángel. Lo que siempre compartimos, es cuando vamos a la iglesia, no vamos todos los domingos pero por lo menos dos o tres veces al mes.
MFM. ¿Qué es lo que más extrañan de Monterrey?
Aidé. Extrañas mucho la familia, la comida, las amistades, llegué recién casada y yo lloraba en las noches sin que él se diera cuenta, porque lo iba hacer sentir mal, nomas me volteaba y lloraba y duré un buen tiempo llorando hasta que me adapté.
Ángel. La vida social que llevábamos allá. Tenemos una casa en Monterey y vamos seguido, pero ya no nos queremos regresar, aunque tenemos familia. Aquí nos va muy bien, pero es mucho trabajo. Este país es un país de trabajo y si uno se organiza y trabaja, puede salir adelante.
MFM. ¿Piensan regresar a vivir a México?
Aidé. Realmente la vida aquí es muy a gusto, ya estoy muy adaptada, tenemos amigos, es mucho trabajo, pero es muy bonita. Y a Monterrey seguiremos yendo cuando podamos.
MFM. ¿Qué inculcan en sus hijos?
Ángel. Nosotros hemos visto que una buena educación te da resultado, entonces sería un crimen que nosotros no dirigiéramos a nuestros hijos a estudiar una buena carrera. Hay que guiar a los hijos a que escojan una buena carrera, que les guste primero y que les deje para vivir.
Aidé. Que sean buenas personas, que sean humildes, es muy difícil que sean humildes, por lo que ven en televisión, por las influencias muchas veces negativas. Inculco en mis hijos que en esta vida, las cosas no son fáciles y que hay que luchar por ellas.
Ángel. Tienen que ser trabajadores y la formación espiritual es muy importante, porque a mí me dio resultado. Uno como humano dice, “voy a hacer algo malo, nadie se va dar cuenta,” pero cuando crees en Dios, cuando crees que hay alguien arriba que te está viendo, pues sabes que a Dios no te le vas a escapar.
MFM. ¿Qué les dicen a las personas que le tienen miedo al dentista?
Aidé. Que es importante cómo los padres, sin querer, transmitimos las fobias a los hijos. Igual si yo tengo una fobia al dentista, el niño también va a tener esa fobia. Muchas mamás les dicen a los niños: “si no te portas bien, te voy a llevar con el doctor para que te ponga una inyección” o “sáquele los dientes doctor, porque se portó mal” y ya llegan con temor los niños. Cuando lo correcto, es enseñarles que es necesario y que es por su bien.
Ángel. Tenemos muchos pacientes jóvenes, adolescentes y yo platico con ellos y les digo que la vida se va muy rápido. Que tienen que aprovechar las oportunidades y educarse para lograr lo que anhelan. Y a los padres, les digo que apoyen a los hijos, para que no se den por vencidos.
Aidé se prepara para participar en el marathon de 13 millas y com el apoyo de su esposo y sus hijos seguramente llegará a la meta.
Sin lugar a dudas, el tener una meta fija en la vida y luchar por ella, da verdaderos frutos. Y el esfuerzo, los desvelos, el sacrificio, incluso de momentos familiares, son prueba palpable, de que cuando uno se propone a lograr algo, con seguridad, se logrará… y con éxito.











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